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Un Siglo de Borges
 

 

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Un Siglo de Borges Los restaurantes
Un Siglo de Borges Los cafés de Florida
Un Siglo de Borges Saint James
Un Siglo de Borges Café Tortoni
Un Siglo de Borges Defensa y Humberto I - Bar Dorrego
Un Siglo de Borges San Juan y Boedo - Homero Manzi
Un Siglo de Borges El Molino
Un Siglo de Borges Hotel Castelar
Un Siglo de Borges La Perla del Once
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Los restaurantes
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Las travesías de Borges por la ciudad siempre incluyeron algún alto gastronómico, especialmente en los tiempos de juventud. En sus últimos años, las comidas y los almuerzos se volvieron sumamente frugales. Un plato de arroz blanco con manteca, un huevo duro, un vaso de agua y una porción de dulce de leche, su postre preferido, bastaban para satisfacerlo.

BODEGONES DE ABASTO. Se ubicaban en los alrededores del Mercado del Abasto, el mayor mercado de frutas, verduras y carnes del Buenos Aires antiguo, en la avenida Corrientes al 3200. El monumental edificio es hoy un shopping. Borges, con ironía, solía referirse al reto que le propinó su padre cuando le confió que había ido hasta el Mercado del Abasto para comer entrañas del ganado vacuno, en la Argentina llamadas achuras. Un término indígena quechua que designa las vísceras (chorizos, morcillas, mollejas, riñones, criadillas, hígado, chinchulines, etc.). Según Borges, su padre lo hizo avergonzarse, al explicarle que un auténtico criollo jamás come esas cuestionables carnes, que en sus tiempos se reservaban para los mendigos.

EL TROPEZON. Este café y restaurante se instaló en Callao 299. Fue famoso por su "puchero" de gallina, (un cocido de ave hervida que combinaba verduras y otros aderezos). Adquirió notoriedad con la presencia de destacados personajes de la noche y la farándula artística. Entre otros, Luis Arata, Armando Discépolo, y Carlos Gardel. Este último acostumbraba a comer ahí, en compañía de sus músicos y amigos al concluir sus actuaciones. Borges concurrió muchas veces a este restaurante de la zona de Congreso.

CANTINA NORTE. Este restaurante, ubicado a pocos de metros de su casa de Maipú 994, sobre la calle Marcelo T. de Alvear, era habitualmente visitado por Borges, siempre acompañado. Una foto que desde hace años distingue su vidriera muestra al gran escritor en una de aquellas ocasiones. Por su parte Bernardo Kordon, el autor de Alias Gardelito y el chileno Lautaro Murúa recordaban haberse encontrado aquí, en un almuerzo con Borges, cuando ellos preparaban el guión cinematográfico basado en aquel texto.

La Cantina Norte, en Marcelo T. de Alvear.

 

HOTEL DORA. Aún más cerca que la Cantina Norte con respecto de su casa, el Hotel Dorá, calzada de por medio, en Maipú 963, fue uno de los lugares donde frecuentemente almorzaba y comía, además de sentarse a beber su té de la tarde. Borges le recomendó este lugar al pintor mexicano José Luis Cuevas, cuando en 1958 visitó por primera vez el país, para exponer y éste le solicitó ilustrar su obra.

EL ULTIMO DIA. El día anterior a su partida a Europa, a donde viajó con María Kodama, fue a comer al Hotel Dorá con su hermana Norah. Borges pidió lo de siempre: arroz blanco hervido con un agregado de muy poca manteca y queso rallado. No tomó ninguna sopa como ocasionalmente lo hacía, pero si comió su postre preferido: una porción de dulce de leche. Cuando su hermana le preguntó que había desayunado esa mañana él le dijo que, como siempre, "cereales con leche".

 

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Los cafes de Florida
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Manuel Mujica Lainez, de bigotes, con Carlos Mastronardi
y otros amigos, en La Helvética, en 1955.

 

Esta calle, en donde funcionaron las más importantes tiendas, como Gath & Chaves y Harrods, fue y continúa siendo, en muchos sentidos, "la vidriera" de Buenos Aires. Es el corredor por el que transitan los porteños. Habitualmente, cuando algún acontecimiento sacude al país, son clásicos los corrillos que espontáneamente forman los peatones.

JOCKEY CLUB. La tradición ubica en esta desaparecida confitería de Viamonte y Florida el primer encuentro entre Saint-Exupéry (autor de El principito) y su futura esposa latinoamericana. Borges solía tomar el té aquí y en ocasiones, entre muchos otros, con el español Ramón Gómez de la Serna y su esposa, la escritora argentina Luisa Sofovich.

FLORIDA GARDEN. Borges comienza a hacer sus reuniones con periodistas y traductores o gente que desea pedirle algún tipo de colaboración, cada vez más en ámbitos como el Florida Garden, de Paraguay y Florida, por donde pasaron Beatriz Guido, su esposo el director de cine, Bapsy Torre Nilsson, quien en 1953, filmó Días de Odio, basándose en el cuento Emma Zunz. También concurría con asiduidad la escritora Marta Lynch, el director de cine Luis Puenzo (Oscar por su film La historia oficial), o actores y directores consagrados, entre ellos, Norma Aleandro, Sergio Renán, Federico Luppi, Héctor Alterio y Alfredo Alcón.

RICHMOND. Ubicada en Florida 468, y fundada en el año 1917, esta confitería fue durante mucho tiempo, y desde las primeras décadas del 900, una cita obligada de políticos, artistas y gente adinerada. La Richmond, en cuyo subsuelo continúan librándose apasionadas partidas de ajedrez y billar, reunió también a los colaboradores de Martín Fierro. Por sus mesas pasaron Borges, Marechal, Baldomero Fernández Moreno y Horacio Quiroga. También Eduardo Mallea, que dirigió durante muchos años el suplemento cultural de La Nación.

 

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Saint James
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(Córdoba esquina Maipú: Saint James)

HUMORADA. En Borges a contraluz la escritora Estela Canto (dieciséis años menor que el escritor) divulgó cartas manuscritas de quien le había, en vano, propuesto matrimonio, y que acabó por regalarle el original de El Aleph, después de haber mantenido una relación por siete años seguidos. Mucho después, ellos volvieron a esta tradicional confitería ya desaparecida, y ella le anticipó que pensaba publicar un libro de recuerdos relatando su amistad. También le dijo que planeaba vender el manuscrito de El Aleph que él le había obsequiado. Aunque creía que debía hacerlo recién después de su muerte, para mejorar la cotización. En la entrevista concedida al diario Sur, el domingo 18 de junio de 1989, Canto precisó que Borges le contestó que si fuera un caballero iría al excusado para caballeros y se oiría un tiro. "Pero como no lo soy...", concluyó con una resignada sonrisa cómplice el escritor.

Estela Canto y Borges en 1945 y la portada del El Aleph.

 

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Café Tortoni
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Fachada del café Tortoni, uno de los pocos
que conserva su estilo de principios de siglo.

 

(Av.de Mayo 820: Café Tortoni)
A este famoso café también se ingresa por Rivadavia 826. En realidad, ésa fue su entrada original antes de que se habilitara la de Avenida de Mayo. Primitivamente funcionó en la esquina de Rivadavia y Esmeralda hasta que en 1880 se trasladó a su ubicación actual. El antiguo café Tortoni (así bautizado en recuerdo del parisino del siglo pasado) es uno de los pocos que mantiene intacto su estilo de fines de siglo. En él se dieron cita y aún lo hacen importantes personalidades de la literatura, la música, el teatro, la plástica, el periodismo y la política. Sus mesas con manteles primero y mármoles actualmente, vieron pasar a Carlos de la Púa, Juan Manuel Fangio (recibió la actual Orden del Pocillo), Carlos Gardel, Borges y también Arturo Rubinstein, Lily Pons, Luigi Pirandello, Miguel de Molina, Tita Merello y el rey Juan Carlos I, de España. El pintor Benito Quinquela Martín, creó ahí una histórica peña y la Orden del Tornillo. (Actualmente, Quinquela Martín tiene su Museo del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, en Pedro de Mendoza 1835, La Boca). En el Tortoni subsisten salones para el juego de dominó, dados y billar, como algunas bebidas en extinción: leche merengada, chufas de horchatas o guindado.
La Bodega del Tortoni, en el sótano, aún es escenario de recitales de tango, jazz y encuentros de poesía, como presentaciones de libros. Teléfono: 4342-4328.

DUELO. En 1938 Borges tuvo un accidente que le produjo septisemia. Fue atendido de urgencia en la Asistencia Pública, por entonces ubicada a pasos del café Tortoni, donde hoy está la plaza Roberto Arlt. Este episodio pasó a ser el comienzo del cuento El Sur que concluye en un duelo a cuchillo.

GEOGRAFIA. En el cuento El Sur se afirma que "Nadie ignora que el Sur empieza del otro lado de Rivadavia. Dahlmann (como Borges) solía repetir que ello no es una convención y que quien atraviesa esa calle entra en un mundo más antiguo y más firme... ". Precisamente, del otro lado de Rivadavia, otro café, en realidad un bar consagrado al culto del tango, asume en San Telmo su condición austral: el Bar Sur, en la esquina de Defensa y Carlos Calvo. Las noches de Buenos Aires reafirman esta condición regional con la admirable constelación de la Cruz del Sur.



Duelo de cuchilleros, en las paredes de San Telmo

 

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Defensa y Humberto I - Bar Dorrego
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Clásico y viejo café de San Telmo donde se encontraron después de un distanciamiento, Borges y Ernesto Sabato. Sobre una de las paredes, una foto enmarcada muestra aquella reunión y a los dos escritores, conversando, solos, junto a una de estas mismas mesas.

FERIA. El Bar Dorrego se encuentra enfrente de una de las plazas más antiguas de la ciudad, originalmente llamada Hueco de la Residencia. Allí se concentraban las carretas desde la época de la Colonia, y también funcionó un mercado. La tradición ubica allí la vivienda de Esteban Echeverría, patriarca de los escritores del romanticismo. Ahora, los sábados y domingos funciona una feria de antigüedades en donde, además, se interpreta y se enseña a bailar el tango.

Foto de Borges y Sabato en una pared del bar Dorrego.

 

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San Juan y Boedo - Homero Manzi
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San Juan y Boedo, esquina clásica de Buenos Aires.

 

Sin duda, existió polémica entre los escritores nucleados en el suburbano barrio de Boedo y los que eran identificados como del "grupo Florida". Sin embargo, Borges prefirió considerar la rivalidad Boedo versus Florida, una simple travesura literaria para llamar la atención. Lo cierto es que muchos escritores colaboraron indistintamente en uno u otro sector. Boedo, con sus revistas y libros, estaba cerca de posiciones de izquierda y de autores como Dostoviesky y Gorki. Por su parte, los de Florida preferían la vanguardia europea. Borges pasó muchas veces por esta esquina, ya que trabajaba muy cerca, en la biblioteca municipal Miguel Cané, del barrio de Almagro, que dirigía Francisco Luis Bernardez.

NOMBRES. Al principio, el local se llamaba El Aeroplano, después, El Nipón, dada la nacionalidad del nuevo dueño, y más tarde Bar Canadian. Finalmente, recibió el nombre de Homero Manzi, en homenaje al autor del tango Sur, punto cardinal, y dimensión geográfica a la que Borges le dedicó especial atención.

 

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El Molino
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En diversas oportunidades Borges se citó en este lugar, inaugurado en 1917 con piezas decorativas traídas especialmente de Italia. En varias ocasiones Borges admitió haberse encontrado aquí con una desconocida admiradora, que insistía en hablar personalmente con él. Al estar vereda de por medio con el antiguo edificio del Congreso, la confitería es un tradicional ámbito de la ciudad. Las curiosas aspas de su edificación art nouveau, sus alguna vez tradicionales pavos rellenos y su postre Leguisamo (nombre del jockey amigo de Gardel), motivaron en Borges más de un irónico comentario. Alguna de aquellas observaciones pueden encontrarse en el relato Más allá del bien y del mal, en Nuevos cuentos de Bustos Domecq. Entre otros, por aquí pasaron José Ingenieros y Alfredo Palacios, el primer diputado socialista de América elegido por el barrio de la Boca.



Callao y Rivadavia. Confitería del Molino.

 

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Hotel Castelar
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(Av. de Mayo 1100)
Aquí tuvo lugar la Peña Signo. Federico García Lorca participó de muchas de esas tertulias junto a Borges entre otros intelectuales y artistas. En esas reuniones, el genial poeta español presentó sus obras de teatro y habló por radio. También pasó por aquí el más tarde premio Nobel de Literatura, Pablo Neruda. Estos encuentros de bohemios merecieron el calificativo de "descocados, largamente sacrílegos, que neutralizaban el tedio de la oficina y la tensión doméstica", según el biógrafo Teitelboim.

Garcia Lorca en una de aquellas noches sacrílegas.

 

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La Perla del Once
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El antiguo barrio del Once fue su lugar de encuentro con Macedonio Fernández, en la confitería La Perla, hoy totalmente modificada. Estas reuniones tenían lugar, por lo general, los días sábado y duraban desde las once de la noche hasta el amanecer. Borges sostenía que saber que iba a encontrarse con Macedonio un próximo sábado, en La Perla, volvía soportable la más trivial de las semanas, en su trabajo de bibliotecario, en el que debía dedicarse a catalogar y fichar de modo manuscrito libro tras libro.

MACEDONIO. En otro de sus poemas Borges dice: "Es, en la deshabitada noche,/ cierta esquina de del Once en la que Macedonio Fernández, que ha muerto,/ sigue explicándome que la muerte es una falacia."

La Perla de Once, lugar de encuentro con Macedonio Fernández.