por el Dr. Rodio Raíces

Lejano está el tiempo en que concebí la idea de fundar el Museo del Hospital. Se me ocurrió en 1969, mientras cursaba Historia de la Medicina en la Cátedra Oficial para Graduados de nuestra Facultad. El profesor titular interino de entonces, Dr. Julio Lardiés González, me había sugerido estudiar el pasado de nuestra institución, y yo acepté su consejo con el entusiasmo que caracteriza a los jóvenes. En el lapso de los siguientes años fui acumulando material bibliográfico e investigué en las fuentes primarias del Archivo General de la Nación y otros lugares, lo que me permitió escribir algunos trabajos sobre el tema. Pero en realidad yo quería mostrar al público - algún día sería - el testimonio material de nuestro glorioso acontecer. Hube de esperar varios años, hasta que se produjo la oportunidad. En 1987, cuando se cumpliera el Centenario de la reinstalación de nuestra entidad en Palermo, encontraría el momento apropiado para revelar mi proyecto. Al recordar esa fecha a la autoridades de la Casa - dos años antes, para que prepararan los festejos - expuse el deseo que se me otorgara un local para realizar mi tan ansiado sueño. Y se me concedió. Entonces propuse que fuera el sector central de la desmantelada biblioteca de Peralta Ramos, en el tercer piso del Pabellón A. Tan abandonada estaba la habitación que hasta se formaban charcos los días de lluvia. Con motivo de las fiestas - que arribaron al fin se colocó una capa asfáltica en el techo, se repararon otras averías y llegaron los pintores. A continuación comencé a poner en los anaqueles documentos exhumados, fotografías viejas (unas doscientas de las dos mil que revisé) y aparatos en desuso que traje de las Salas y desde Rezago, a los que se agregaron aportes de particulares. Los iconos de las más destacadas personalidades de todos los tiempos fueron situados en el foyer del Aula Magna, al que denominé Salón de Notables.


Actualmente el Museo consta ya no de una, sino de dos piezas: la primitiva o Sala de las banderas y la segunda a su izquierda o Sala de los espejos. En ellas pueden observarse - entre otros objetos - el trépano de Ignacio Pirovano, los mellizos de Peralta Ramos, los instrumentos de tortura, el calzón de las abuelas, los frascos del Intendente Alvear, el primer electrobisturí introducido en el país, las medallas de la inauguración, el esqueletito de la campana, la bañera de Garraham, las pesadas valvas de Auvart y de Doyen, y hasta una de las viejas camas de canceles (que se usaban ya en la época de Rosas). Todo lo cual he citado para atraer la atención general, mientras que a quienes se interesen por la historia y los detalles, aconsejo dedicar dos largas horas para la observación y la lectura. Para visitar esta muestra permanente solicito a los interesados apersonarse en la Asociación Médica a fin de acordar turno, porque el Museo funciona sin empleados ni presupuesto y personalmente me hago cargo del cuidado y de las explicaciones. Lo mismo digo a quienes deseen efectuar una visita guiada - que incluye la exploración de los túneles - la cual permite efectuar un viaje en el tiempo y en el espacio, porque el Hospital todo es un verdadero Museo viviente que merece conocerse cuanto antes.