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Por Magdalena Faillace
Presidenta de la Comisión Nacional de Museos,
Monumentos y Lugares Históricos.

La Comisión Nacional de Museos y de Monumentos y Lugares Históricos tiene a su cargo –en virtud de la Ley 12.665, que rige su funcionamiento desde 1940– la superintendencia sobre todos los monumentos y lugares históricos de la Argentina declarados por ley o por decreto.

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La adhesión a los preceptos y recomendaciones de las cartas internacionales de UNESCO relativas a la preservación del patrimonio cultural de los pueblos, junto con la responsabilidad indelegable del Estado en la salvaguarda del mismo que le asigna la Constitución de 1994, llevan nuestras políticas y acciones mucho más allá de la autorización y contralor de todas las obras en monumentos históricos nacionales, cualquiera sea el origen de los recursos con que las mismas se ejecuten. Supone, además y fundamentalmente, la difusión y el conocimiento de los valores de nuestros bienes y espacios patrimoniales en el seno de la comunidad, con el fin de generar una conciencia de pertenencia con ese patrimonio a través de nuevos usos sociales, y una voluntad colectiva de preservarlos como depositarios de nuestra memoria, económicamente valiosos y constitutivos de nuestra identidad.
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El decreto 2402/90, al declarar monumento histórico nacional el complejo edilicio del “nuevo Hotel de Inmigrantes” construido a partir de 1906, y el decreto 339/99, que incorpora con la misma jerarquía el antiguo Desembarcadero Naval, primer espacio de nuestro imaginario local donde hicieron pie muchos de nuestros abuelos y aun de nuestros padres, rinden el debido homenaje a la inmigración que, a fines del siglo diecinueve y principios del veinte, contribuyó a refundar la Argentina moderna.



El Hotel de Inmigrantes no sólo constituye un fuerte testimonio de hechos que no se agotan en la arquitectura y el paisaje de la ciudad junto al río; representa también a una Argentina en crecimiento sostenido, que se abría, a través de su generosa política migratoria, a grupos de diversos idiomas y latitudes. Pocos monumentos resultan hoy tan emblemáticos para la memoria del siglo como éste, en cuyos espacios luminosos se empezó a escribir, en buena medida, la historia social de la Argentina del Siglo XX. Muchos de esos inmigrantes venían decididos a quedarse y a brindar a sus hijos una vida mejor que la que ellos habían tenido. Al ser incorporados a nuestro proyecto de nación, inauguran una épica silenciosa, la del trabajo pertinaz y la vocación superadora que perfilará al país industrial y que poblará los sindicatos y las universidades con los descendientes de esos inmigrantes. Este proceso de integración de las diversas colectividades y su contribución a las transformaciones que son parte de la Argentina moderna crea una síntesis cultural nueva y original, distinta de las realidades anteriores. La Comisión Nacional de Monumentos, convencida de que la sociedad del 2000 debe acceder masivamente a este espacio privilegiado de nuestro patrimonio que fuera crisol de antiguas tradiciones y de nuevas esperanzas, ha colaborado activa e intensamente con la Dirección Nacional de Migraciones del Ministerio del Interior y con la Armada, responsables directos de estos inmuebles de singular valor histórico y patrimonial, para que pueda llevarse a cabo la Exposición Casa FOA 2000.
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Hemos trabajado dentro de los límites que impone la conservación del predio en su autenticidad, ejerciendo nuestra misión de custodia sobre este bien privilegiado pero con el espíritu de promover su más amplio conocimiento por parte de la comunidad. Entendemos que la promoción de los valores y la historia del Antiguo Hotel de Inmigrantes pueden convertirse, favorecidas por esta Exposición de Casa FOA, en el puntapié inicial para la concreción del Museo del Inmigrante, un proyecto acariciado por muchos desde la restauración de la democracia en 1983 hasta la fecha. Este actualizará una tradición histórica presente en las políticas migratorias y en el aperturismo de nuestros gobiernos, en una nítida diferencia con ciertas políticas xenófobas surgidas en otros países del mundo, en el contexto de los procesos impuestos por la globalización de nuestro fin de milenio. El Museo del Inmigrante puede recuperar un espacio para la cultura y la investigación acerca de las colectividades que poblaron nuestra geografía y llenará seguramente, un vacío en la memoria colectiva institucionalizada en nuestros museos actuales. Ojalá los visitantes de la Exposición Casa FOA, al tomar contacto con este conjunto monumental tan cargado de los sueños y los proyectos que aportaron a construir nuestra nación, movilicen con nuevas ideas y recursos este valioso emprendimiento que se propone rescatar, en un museo dinámico y abierto al futuro, ese imaginario imprescindible para iluminar la identidad de todos los argentinos.