Cómo obtener agua del aire
Proyectos Innovadores de América Latina para la EXPO 2000

Ecuador:
Ecoturismo Indígena en la Amazonía

El cumplimiento del requisito de sostenibilidad es evidente en Ecuador, donde un proyecto local de Ecoturismo Comunal en Amazonía ha hecho suya la consigna de "intercambio de dignidad y saber". En concrete ello significa que los indios quechuas del Ecuador practican la protección del medio ambiente de acuerdo con ancestrales reglas indígenas. Con gran éxito, por cierto.

La selva virgen que rodea a la aldea amazónica de Capriona alimentaba ya a Los antepasados de los actuales quechuas y ha de seguir alimentando a sus descendientes. Razón suficiente para que Los 130 aldeanos rechazaran la oferta de una empresa maderera que deseaba regalarles una motosierra nueva de fábrica. En lugar de talar árboles, se dedican ahora alternativamente a guiar turistas por la jungla, agasajan a los huéspedes con sopa de plátanos y recaban su ayuda en las cosechas de maíz y café. Las autoridades de Capriona ponen especial énfasis en que los turistas se marchen a más tardar al cabo de una semana.

Para visitar Capriona hay que disponerse a emprender una caminata de dos horas o a navegar par el Río Puna, un afluente superior del Napo en el este ecuatoriano. Antes eran guías blancos quienes acompañaban a Los turistas exploradores provenientes del mundo entero que venían a ver aldeas indígenas. Aparte de que esas actividades les parecían indignas, los indígenas no velan con buenos ojos el hecho de que ellos sólo recibían a cambio un pequeño óbolo mientras que los grandes turoperadores se embolsaban la mayor parte de Las ganancias. En vista de ello, los indios de Capriona decidieron crear su propia modalidad turística, basada en un intercambio justo entre turistas e indígenas, sentando con ello un ejemplo que está haciendo escuela:

Entre tanto otras 11 comunidades indígenas están aplicando ya el concepto subyacente de "convivencia intercultural y ecoturismo". Los huéspedes de Capriona viven en chozas de bambú aledañas a la aldea. Los indígenas les enseñan lo que saben acerca de las orquídeas y plantas medicinales, de la construcción de balsas y la elaboración de cerveza de yuca (mandioca), además de invitarlos a cazar y festejar con ellos. Al mismo tiempo, los quechuas, conscientes de sus derechos, exigen de sus huéspedes el pleno respeto a su cultura indígena con todas su peculiaridades. A los recién llegados se les informa, con tanta cortesía como firmeza, que deben guardar una adecuada distancia hacia los miembros de la comunidad. La remuneración individual - con todos los excesos propios del turista que reparte propinas es aquí tabú.

Los ingresos - de 25 a 50 dólares por persona y noche - van a engrosar las arcas comunales. Con ellos se costean la escuela, la formación de guías naturales y otras inversiones en el turismo. Sirven también para socorrer a aldeanos viejos o enfermos.

El ecoturismo ha permitido a los habitantes de Capriona impedir la degradación de su tierra, facilitando incluso el rescate de antiguas costumbres y oficios artesanales. Por ejemplo, en vista de que los visitantes velan en el uso de cubiertos de plástico una flagrante incongruencia estilística, varios vecinos desempolvaron viejas técnicas alfareras.

Cuba:
Recuperación de un Barrio Habanero

Pero la idea de un desarrollo sostenible en concordancia con el entorno cultural, social y ecológico no tiene par qué ceñirse exclusivamente al ámbito natural: justamente en el medio urbano - con sus complejos problemas - es tanto más necesaria y no menos eficaz. Así lo demuestra un proyecto de EXPO 2000 en Cuba.

El Programa de Reanimación y Saneamiento de San Isidoro, un Barrio de La Habana Vieja, podría servir de modelo para muchos proyectos de urbanización en América Central y América del Sur.

El Barrio de San Isidoro, habitado par unas 5.000 personas, forma parte del casco histórico de la capital cubana. Su gran importancia cultural atrae coda año a millares de turistas. Pero estos edificios, que datan de los Siglos XVIII y XIX, llevan ya 40 años virtualmente abandonados. En consecuencia, muchos de ellos están en pésimo estado, incluyendo las instalaciones sanitarias: cerca de 500 vecinos de San Isidoro carecen de agua corriente.

Una situación de ese tipo induce a muchas municipalidades a aplicar soluciones arquitectónicas en gran escala y de carácter más bien radical, pretendiendo resolver los problemas a golpe de equipos de demolición y prefabricados modernos. Pero el precio es más alto de lo que se puede medir en dólares, australes o pesos. Pues de este modo se destruyen entornos urbanos históricos y se priva al vecindario de su espacio arquitectónico original. Para colmo los nuevos edificios no están al alcance de los bolsillos de la mayoría.

Afortunadamente, las cosas no son así en San Isidoro, donde se siguen otros derroteros. A fin de proporcionar al vecindario un entorno habitacional digno, preservando a la vez la identidad arquitectónica de esta vieja barriada habanera, se creó en 1996 un proyecto de recuperación urbana.

Un equipo interdisciplinario integrado por arquitectos, ingenieros y técnicos asesora a los inquilinos en Las labores de restauración y reconstrucción. El proyecto incluye la entrega de dinero y materiales, pero se apoya fundamentalmente en la iniciativa de los vecinos, entregados a la tarea de construir por sí mismos su espacio habitacional. Hasta la fecha más de 350 de las 1.200 familias de San Isidoro participan en las obras de saneamiento. Ya se han remozado 115 edificios con un total de 650 viviendas. Naturalmente, tales medidas requieren tiempo: se calcula que el saneamiento del barrio complete concluirá dentro de unos cinco años.

Continúa...