Turismo y Cultura.

Argentina. Buenos Aires. Barrios Porteños. Montserrat.

Montserrat, antiguo barrio de Buenos Aires, fue el elegido por la elite del siglo pasado. Su origen está ligado a la Fundación de la Ciudad al igual que San Telmo. Por estar ubicado entre el centro de la Ciudad (Plaza de Mayo) y el Puerto (Riachuelo de los Navíos), los primeros habitantes fueron construyendo sus casas en esta zona.

El profesor Delfín Leocadio Garaza lo define así:

"Es un barrio formado por iglesias enraizadas en la tradición y templadas en luchas, de colegios e instituciones de cultura... de clubes socialmente exclusivos, de cafés bullangueros; de casas solariegas de quienes hicieron la historia... de túneles de novela gótica que esperan su leyenda truculenta; de apacibles o encrespadas tertulias, de ostentosas exhibiciones del lujo o la frivolidad, de agresivas explosiones de rencor. Es el barrio de la transformación y la nostalgia, la evocación y la elegía, custodio celoso de un pasado que le impuso fisonomía y grandeza."

En San Telmo, Montserrat y particularmente en la zona llamada Barrio del Tambor, eran famosas las fiestas a las que solía concurrir la mismísima Manuelita Rosas.

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Allí por 1802 se conocían las fiestas y lugares en que se efectuaban como "Casa y Sitio de Tango", es decir, el lugar en donde se divertían los negros. Se supo llamar "tango" a un ritmo muy rápido que hacía furor en el Barrio del Tambor.


Argentina. Buenos Aires. Barrios Porteños.
Mataderos. Feria de Mataderos

Desde 1984 y abrazada por la antigua Administración del Mercado de Hacienda de Liniers, entre las Calles Tandil, Avenida de los Corrales y Timoteo Gordillo, se desarrolla todos los domingos y feriados la ya famosa Feria de Mataderos.

Bajo la frondosa arboleda de antiguas tipas, en ocasiones vestidas con su amarilla florescencia, un retazo de campo, nacido al laborar de los corrales, permanece invicto. Apretado entre la edificación y aislado de horizontes, permanece estoico en ese pequeño mundo de evocación.

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León Tenembaum dice del Barrio: "Bajo el influjo de una profunda marca, Mataderos se hizo tradicionalista, con su propio folklore, su historia singular, su anecdotario, sus personajes y sus leyendas".

La Feria es en sí un acontecimiento especial de la ciudad, con pocos ejemplos similares en el mundo. En ella se exhibe una rica cultura rural de nuestro país, que pareciera afincarse en la tierra que alguna vez fue suya.

Competencias ecuestres como el manejo de riendas, tusado y carrera de sortijas, se suceden ante la curiosidad, el asombro y la amistad de los visitantes.

LA FERIA DE MATADEROS ...
UN RINCON DE BUENOS AIRES PARA DISFRUTAR
UNA FIESTA DOMINGUERA INOLVIDABLE


El Palacio Barolo.

La Avenida de Mayo marcó con su inauguración en 1889, todo un hito, un antes y un después en la arquitectura urbana de Buenos AiresLo decían los flamantes edificios con sus fachadas artísticas, sus negocios de vidrieras generosas ofreciendo lo más selecto y delicado, lo mas "chic" del mundo y sus paseantes, vestidos a la gran moda y con ademanes estudiados como queriendo sobresalir.

De tal manera que todos los porteños de posición y fortuna soñaron de pronto con poder edificar sus residencias o edificios comerciales en la gran vidriera de la Avenida de Mayo. Uno de esos tríunfadores dispuesto a sentar sus reales en la Avenida fue el Empresario italiano Luis Barolo, quien contrató al Arquitecto milanés Mario Palanti.

Para los entendidos es una obra saturada de simbolismos en la cual se conjugan elementos herméticos. Para los caminantes, un ostentoso edificio cautivante. Nadie que pase cerca de él puede dejar de echarle una mirada de aprobación.

Con sus 103 metros de altura en hormigón armado, el ya bautizado "Palacio Barolo", fue, al nacer, el segundo rascacielo de Buenos Aires, luego de la "Galería Güemes" edificado sobre la Calle Florida, y el más alto de Sudamérica. De compleja ornamentación con una gran profusión de ventanas, nada menos que 5.800, y balcones dispares.

Pero más allá de su altura, de su torre llamativamente bella, de sus persianas rebatibles, de sus vértices y sus angulosos y cortos perfiles, el encanto del Palacio Barolo está en su hermético sentido. Parecería que Palanti hubiera buscado en su proyecto, recrear un templo con enigmáticos mensajes medievales. Y si se adentra en el espíritu de la obra, descubrirá "alusiones cósmicas, alquímicas y religiosas, cuyas proporciones se basan en el número áureo".

Fuera de los tradicionales edificios públicos e históricos, ninguna construcción privada es tan fotografiada por los turistas, como el imponente "Palacio Barolo". Es como si sus misterios y simbolismos necesitaran a través de la lente, perpetuar una y otra vez su hipnotismo avasallante.

NADIE QUE PASE CERCA DE ÉL PUEDE DEJAR DE ADMIRARLO

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Los Cafés de Buenos Aires estan de Moda.
 
Y EL TURISMO Y LA HOSPITALIDAD los comienza a recorrer. El "CAFE ARGENTINO LOS 36 BILLARES" fue fundado en 1894, al mismo tiempo que la Avenida de Mayo - La Avenida - se convertía en la primera gran vía de Buenos Aires.
 

También "Los 36 Billares" fue el primero en otras cosas, como por ejemplo fue el primero en la ciudad que centró su actividad en el juego del paño verde con las tres bolas de marfil. También fue pionero en cuestión de relojes: permanece abierto las 24 horas del día.

Se halla ubicado sobre "La Avenida" entre las Calles Salta y Santiago del Estero, en la misma cuadra del Teatro Avenida y casi en Diagonal con el "Palacio Barolo".

Con su tradicional mobiliario hecho de antiguas maderas lustradas por el tiempo, el café fue y es lugar de encuentro, de ese dejarse estar entre la amistad de espejos y generosos ventanales.

Supo ser reducto célebre de los músicos del tango, de aquellos que se acostumbraron a "caminar la Avenida" parando un poco en "Los 36 Billares" y otro poco en "Los desaparecidos": EL Café del Centenario -donde "sonó" el primer tango en La Avenida: El Esquinazo de Villoldo- y Parque Goal, frente a La Inmobiliaria que supo ser el primer recreo porteño.

TOMEMOS UN BUEN CAFE Y SOÑEMOS LOS HERMOSOS VIEJOS TIEMPOS.

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